1202-1204. El Papa Inocencio III encargó la predicación de esta cruzada a Pedro de Capua y a Fulco de Neuilly. La ocasión para conquistar Jerusalén se presentaba muy favorable después de la muerte de Saladino (1194). Algunos cruzados alemanes habían conquistado ya algunas ciudades.
No tomó parte en esta cruzada ningún rey. Fue dirigida por Balduino de Flandes y Bonifacio de Monferrato.
Los resultados fueron la conquista de Zara por parte de los cruzados. Los cruzados, llamados por Alejo el Joven, mediante una fuerte suma, para que repusieran en el trono de Constantinopla a su padre Isaac el Ángel, se dirigieron a Constantinopla, a pesar de la prohibición expresa del Papa Inocencio III de combatir en ningún país cristiano.
Isaac el Ángel fue repuesto en su trono; pero como el emperador fuese se nuevo depuesto por los nobles y no hubiese pagado a los cruzados la suma convenida, éstos asediaron Constantinopla y la saquearon vergonzosamente (1204). Consecuencia de ello fue la fundación del Imperio latino de Constantinopla con Balduino de Flandes como emperador. En 1261 Constantinopla caerá de nuevo en manos de un emperador bizantino, Miguel VIII.
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